martes, 17 de noviembre de 2009

Rabia.


Sólo quiero transmitir un mensaje lleno de rabia.

http://www.goear.com/listen.php?v=782f00d

Cuando no hay otro camino, las palabras no sirven de nada, cuando ya está todo dicho, cuando ya no queda nada, te queda la rabia, solo la rabia.

Como si dos grandes manos agarrasen mi cabeza y comenzasen a apretar. El dolor se va haciendo más intenso a cada segundo que pasa. Se nubla mi vista y me invade la frustración. Mi garganta trata de gritar, pero me he quedado sin fuerzas. La tensión se centra en mis puños, inmóviles.

El día a día se basa en ir, como Hansel y Gretel , dejando migas de pan por el camino. Es cuestión de tiempo que venga alguien por detrás a comérselas mientras espera tu perdición. Pero han olvidado que se salir de cualquier laberinto creado por la vida.

[...] Para todos los unos de enero


Puedes soplar un diente de león tras haber pedido un deseo.
También puedes pedir deseos al brindar con el champán justo después de las 12 uvas.
Puedes cerrar los ojos con todas tus fuerzas y pedir un deseo.

Pero el nuevo año no te traerá una nueva vida.

Eres tu la única persona que puede proporcionarte un cambio.
Moldea con tus propias manos lo que quieras obtener.
Que seas TU y no las circunstancias las que decidan como y cuando será el cambio.

Año nuevo es el que sigue de el anterior.
El que dejas atrás por causas temporales.
El tiempo nunca se detiene, al igual que tu vida.

Sopla, sopla y vuelve a soplar el diente de león, hasta que no quede más que el tallo.
No conseguirás nada.

Proyecto cero.


Tenía demasiada prisa por llegar a casa, la cabeza me iba a estallar.

Abrí la puerta como pude, con las manos temblando y los dientes chirriando.
Tiré las bolsas de la compra al suelo, los huevos se rompieron.

Preparé todo en un momento y solo tuve que quitarme el cinturón; los dientes aun tiritaban.

Me apreté el antebrazo y la sangre comenzó a estancarse.
La vena morada resaltaba en mi brazo blanquecino.

La aguja traspasó la carne lentamente, se me erizó el bello.
Atravesó la vena y solo tuve que bajar el pulgar despacio, suavemente, despacio...

Cada día tengo más miedo de pertenecer a esta realidad.
No encuentro la puerta.