martes, 8 de junio de 2010

Abstracción.


Manos en las caderas recorren lentamente, pero con cierta presión, los costados y el centro de la esplada. Las palmas se vuelven enormes pretendiendo agarrar toda la pasión, es por ello que se deslizan por el trapecio acabando en los hombros y en dirección a los brazos para acabar con la unión entre una pianista y un vascuence de los altos hornos.
Crees que te has librado, que has olvidado, que los recuerdos no te asaltarán más, que la tisteza se ha evaporado, que has pasado página, que puedes comenzar a ser feliz de nuevo, que no hay dolor y si ilusión. No te engañes. Cada noche su olor se colará por tu pituitaria, oiras su risa, sentirás sus caricias, anelarás los besos que nunca se dieron, añorarás levantarte a su lado, dormir abrazado. La mierda que encuentres en el día a día te recordará lo feliz y completo que te hacía sentir. Fumarás hasta que tus pulmones se calcinen, beberás y solo conseguirás sentirte peor, andarás y parecerá que solo retrocedes. No te engañes. Parece que nunca vayas a olvidarlo.
Eres prisionero y nadie vendrá a liberarte. No te concedieron fianza y desestimaron todos los recursos de tu abogado. Estarás encerrado de por vida. Condenado al dolor, al desgarramiento del alma en cada amanecer, a la lamentación, la autodestrucción. Con buen comportamiento conseguirás reducir la condena, te darán pequeñas dosis de ilusión, el tiempo será indicado en la sentencia. No te engañes. Estás en la mierda y no parece que vayas a salir de alli pronto.