lunes, 31 de octubre de 2011


Me cuesta dejar de pensar en ti cada instante. No importa la hora del día que sea, si cierro los ojos puedo verte junto a mi. Imagino todas las cosas que quedan por vivir, recuerdo momentos pasados. Puedo ver lo que encierra tu mirada, lo que a simple vista no puede apreciarse. Noto como aumentaba el ritmo de la respiración en las situaciones de placer conjunto. Trato de memorizar cada segundo que paso contigo, para más tarde reproducirlo cuando estoy sóla. Siento un vértigo irrefrenable cada vez que cierro los ojos y me sumerjo en una de estas visiones. Tengo miedo. Es un miedo benigno. Un miedo de esos a los que le abres la puerta y le invitas a pasar. Miedo de dejar de sostenerte, de perderte. Miedo de que el amor tan grande que siento por tí se vuelva gigante y me atrape incapacitandome para nada más. Siento miedo de no tener miedo.

Cuando estoy contigo tengo frio. Pero cuando no estoy contigo el frio me cala los huesos y penetra en mi espina dorsal, haciendome sentir tremendamente vulnerable y no veo el momento de volver a verte para que calmes la angustia que se apodera de mi cuando empiezo a notar el frio que recorre hasta el rincón más inhóspito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario