Te pienso.
Cada noche, cuando llega la hora de meterme en la cama, te pienso. Lo hago con tanta intensidad que a veces parece que una ráfaga trae un poco de tu olor hacia mi nariz. Sigo el rastro de la estela que deja tan inconfundible aroma sin exito. Lo hago cada noche. Nunca pierdo la esperanza de poder encontrarte junto a mi cama.
Los días que más te extraño son aquellos en los que inevitablemente trato de recordar tu figura centímetro a centímetro y la recorro con mis dedos con la ilusión de que siguiendo el patrón, aparecerás como por arte de magia. Adoro recordarte. Haces que cada día merezca la pena levantarse de la cama.
Tengo que reconocer que antes de que tú aparecieses, cada mañana me tapaba de pies a cabeza con la manta desendo desaparecer, me preguntaba qué sería de mi y me escondía durante un buen rato esperando "algo" que me diera motivos para no ocultarme constantemente y cuestionarme si volvería a sonreir de nuevo con la misma energía con la que lo hacía antes.
Y entonces, entonces llegaste tú. No he vuelto a esconderme bajo las sabanas desde que te conocí.





No hay comentarios:
Publicar un comentario