Me encanta escribir las historias que me cuentas, hasta el punto en el que se convierten en mias:
" Adoro cuando me guiñas un ojo y acto seguido me dedicas una sonrisa. Muchas veces trato de autoconvencerme de que tu sonrisa está vacia, con el fin de olvidarte, pero no funciona.
Me encanta cuando vienes por detras y me agarras por la cintura con tus manos ásperas y toscas, que me beses el cuello hasta dejar (heridas de guerra) ataques de pasión gravados a fuego.
Que me muerdas la oreja, abrir una doblemalta contigo incluso una guiness negra de las que no te gustan por que son cocacola con chocolate.
Que nos miremos a los ojos cuando estamos rodeados de gente y, sin mediar palabra, saber lo que piensa el otro.
Abrazarte, recorrer tus hombros pálidos con mis manos de pianista, toda tu espalda como un mapa de una ciudad conocida, de la que recuerdo donde está cada calle, cada avenida y cada cicatriz.
Los polvos de hora y media e incluso dos horas, dinámicos, cambiantes, risueños, profundos y sinceros. Polvos con besos, caricias, cerveza, cigarrillos y sudor.
Esto es lo primero que se me pasó por la cabeza el día que me dejó plantada. Es una história un tanto corriente, pero es no implica que no esté cargada de sentimientos de todos los colores y sabores, para compartir o tomar solo.
Después de escribirlo pensé, Hay tantas cosas que me gustaría decirte... sim embargo no puedo precisamente por que te quiero. "





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