Esta pluma está tan fría como las manos de mi hermano el día del accidente, llenas de sangre.
Las manos no mienten y estas, me miraron fijamente y gemían de dolor y de sufrimiento.
Sabían que la madre que las crió, estaba al borde de la muerte. Que cabía la posibilidad de no volver a verla. Que ya no mecería más su cuna, ni le arroparía por las noches.
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